¿Qué es ser satanista?

Ser satanista es darle a una forma de pensamiento, la simbología y las herramientas sociales y personales que nos ayudan a desarrollarla y comprenderla.

En este artículo observaremos cada pieza de la vivencia satanista y comprenderemos cómo funcionan al unirlas.


El satanismo es una religión filosófica y alegórica. Y nos definimos como satanistas cuando usamos nuestra religión como una herramienta para reflexionar acerca de nosotras y nosotros mismos, entender al resto de las personas, cuestionar lo establecido, y autodeterminarnos para desarrollar nuestra existencia de una manera sana.

Religión filosófica y alegórica

Las religiones filosóficas son las que promueven que sus integrantes reflexionen y cuestionen sus propios pensamientos y su entorno, en lugar de dictar qué deben pensar o hacer. Por lo general son religiones cuya fe consiste en considerar sagradas estas actividades, en lugar de establecer seres superiores sagrados a los que obedecer.

Una persona budista, por ejemplo, no cree en la existencia de un ser mágico llamado Buda a quien obedecer, sino que toma el personaje de Buda como un ejemplo para decidir por sí misma cómo desarrollar su propia conciencia. Y en el caso del satanismo, consideramos al o la personaje de Satanás de la literatura moderna como una alegoría de los valores del humanismo, dándole un uso simbólico de lo que consideramos ético y justo.

Religión no sobrenaturalista

Religiones como las abrahámicas (cristianismo, judaísmo e islamismo), creen en la existencia de seres sobrenaturales. Esto quiere decir que son corrientes “sobrenaturalistas”. Incluso otras creencias no religiosas, como la astrología o la homeopatía, también tienen la cualidad del sobrenaturalismo, al creer en efectos sobrenaturales.

El satanismo, por otro lado, no implica la creencia en seres sobrenaturales (como el Satanás bíblico), ni en efectos sobrenaturales (como lo que se busca con las ceremonias religiosas del judío-cristianismo). Su religiosidad es meramente filosófica, usando el concepto de lo “espiritual” como una referencia hacia la vivencia introspectiva de las personas. Por lo tanto, se considera como una religión “no sobrenaturalista”.

Tú eres tu propia divinidad

Las personas satanistas consideramos sagrada nuestra vida y consciencia como seres humanos. Por eso es que enaltecemos valores como la comprensión o la autodeterminación, ya que consisten en comprender y validar algo que consideramos sagrado.

Para el satanismo, “sagrado” no se refiere a algo aprobado por un dios, sino que se refiere a algo que debe valorarse por sobre todas las cosas (no es necesario el sobrenaturalismo). Para una persona satanista, su propia consciencia es sagrada, por lo tanto toda idea de seres superiores que dicten cómo debemos vivir es rechazada (tal como Satanás rechazó la tiranía de Dios en “Paraíso Perdido” de John Milton). Y si para la persona satanista su consciencia es sagrada, su autodeterminación es un dictamen divino, por lo tanto se rechaza todo intento de otras personas por dictar cómo debemos pensar o identificarnos.

Además, como uno mismo o misma es su propia divinidad, se convierte en una labor sagrada el comprendernos, a uno mismo o misma, y a los demás.

Satanismos teístas

Cuando hablamos de satanismo, solemos referirnos al satanismo racional moderno; la corriente racional del satanismo moderno. Sin embargo existen satanismos sobrenaturalistas, que sí creen en la existencia de una divinidad personificada, aunque suelen preferir otras denominaciones (como “luciferismo”). Usualmente son corrientes incipientes y suelen responder más a tendencias estéticas o misticismos derivados de otras corrientes, como desde el neopaganismo o desde el mismo cristianismo (de esto último, irónicamente son solo las religiones abrahámicas las que consideran a Satanás como un ser real).

La humanidad se debe a si misma y a su entorno

También consideramos sagrado al entorno que nos permite desarrollarnos como seres humanos. Esto incluye conceptos como el bien común social o el respeto y facilitación de la diversidad de identidad, sentir y expresión de las personas, ya que son criterios que significan un respeto entre seres valiosos. Pero también se extiende a elementos físicos, como el respeto por el medio ambiente y por otros seres vivos, puesto que son parte del ecosistema donde nos desarrollamos.

Sin embargo, al no existir un dictamen arbitrario de hasta qué punto deberíamos extrapolar nuestros valores satanistas, existe una diversidad de opiniones acerca de cómo aplicamos nuestra visión a lo que nos rodea como seres humanos.

Áreas grises

El valorar y respetar la diversidad de personas, implica reconocer una diversidad de pensamientos acerca de cuánto extendemos nuestro satanismo desde nuestra conciencia hasta cada uno de nuestros actos. No existe una regla estricta de hasta qué punto debemos aplicar nuestra religión a todo lo que hacemos.

A modo de ejemplo, hay satanistas que consideran al veganismo como algo inseparable del satanismo, puesto que extiende lo sagrado de la existencia a todos los seres sintientes. Sin embargo, hay satanistas que prefieren mantener el satanismo solo en el ámbito personal, y prefieren no cambiar su modo de vida.

Es por esto que se suele concensuar al satanismo solo dentro del contexto del humanismo, dejando otros asuntos cercanos a discreción de cada persona, pero no descartándolos, sino solo considerándolos como asuntos no religiosos (o al menos no contemplados dentro de esta religión).

Autoindulgencia

Otro de los valores comúnmente asociados al satanismo, es el de la autoindulgencia. El dedicar tiempo y esfuerzo por satisfacerse a sí mismo o misma, según lo merece nuestra divinidad.

Todo lo descrito hasta ahora requiere de trabajo y reflexión, pero solo vale la pena si lo podemos traducir en satisfacción y felicidad. Y es aquí donde entra la autoindulgencia como valor sagrado.

El dedicar esfuerzo sin descanso y sin lograr ningún tipo de satisfacción es martirización, y el satanismo considera la martirización como una tortura autoimpuesta, por lo tanto sacrílega, y una manipulación emocional hacia quienes la presencian, por lo tanto un intento de autoritarismo de conciencia. Todo lo que el satanismo rechaza. Si una persona no logra sentir felicidad ni satisfacción, es su deber sagrado el buscarla, y debería ser intención del resto el apoyarla en ello. Si las personas nos consideramos sagradas, debemos respetar esa condición y darle el trato que merece.

Como satanistas no desperdiciaremos tiempo en darle ofrendas a supuestos seres superiores, pero sí lo invertimos como misión sagrada en darnos la ofrenda de nuestra vivencia con la mayor de las adoraciones.

Retórica efectiva y pasiva a la vez

Si bien se podría lograr lo mismo solo con el humanismo, el satanismo, desde su mismísma razón de identificarse como tal, cumple además con una función retórica. Es la religión en si misma un mensaje, y un mensaje con un propósito. El plantearse como satanistas no solo significa un desafío personal de cómo nos definimos a nosotras y nosotros mismos, sino que también estimula una serie de pensamientos en quienes nos rodean.

No es fácil decirle al mundo: “Soy satanista”, pero al atrevernos a hacerlo, la primera reacción que se genera es la pregunta: “¿Y por qué crees en eso?”. ¿Y no es sino el cuestionamiento de las creencias religiosas lo que a muchos nos motivó por primera vez a investigar el satanismo?

Lo provocativo de lo evocado por el satanismo es su más grande herramienta de divulgación de su fe. Una persona satanista no necesita “predicar” su creencia, ya que su mera expresión es suficiente para estimular el pensamiento crítico y el generar consciencia del concepto de la autodeterminación; dos de los valores más importantes del satanismo.

El satanismo es pasivo, tanto por el respeto por la conciencia de las demás personas, como por su efectividad no confrontacional.

¿Qué hacen las personas satanistas al congregarse?

Lo mismo que hace cualquier grupo de personas afines: comparten alguna dinámica social placentera. Una reunión de satanistas suele tratarse de algo tan simple como escuchar música, compartir comida, disfrutar de un lugar cómodo para conversar de la vida, reunirse a ver un evento deportivo, etc. Ser satanista no significa obsesionarse con su estética y caricaturas; es contar con un espacio para simbolizar y compartir una manera de pensar.

¡Pero también disfrutan de hacer rituales! Aunque los rituales satanistas no suelen ser como la televisión los pinta. No hay sacrificios de animales, ni plegarias a Satanás, ni promesas de poder. Normalmente son ceremonias que buscan generar motivación, celebración o reflexión. Pueden ser algo tan simple y cálido como hacer una ronda de palabras de ánimo para alguien que lo necesita, o algo tan lúdico y “no muy en serio” como ponerse túnicas negras e inventar cánticos disonantes solo por diversión (la risa y el dejar de lado la seriedad por un momento también es necesario de vez en cuando).

La “ceremonia”

Una ceremonia o un rito no es más que una dinámica en que la misma es parte del objetivo.

Si un grupo de satanistas inventa un rito para apoyar material y emocionalmente a alguien que acaba de irse a vivir solo o sola, el rito podría consistir en que todos traen un regalo para el nuevo hogar y al final vociferan en grupo algo como “¡Ave Satanás! ¡Ave el nuevo hogar!”. Los regalos cumplen como apoyo material, mientras que las voces al término sirven como apoyo emocional; parte del rito mismo está ayudando a cumplir el objetivo.

Además debemos reconocer que parte del valor del rito satánico, es que resulta entretenido, y la entretención es una de las herramientas más eficaces de la autoindulgencia.

Humanismo hecho religión

Destacando más algunos conceptos que otros, el satanismo no es más que una aplicación religiosa de los valores del humanismo. Se podría decir que una persona humanista podría mantener un modo de vida muy similar al de una persona satanista.

En lo particular al satanismo, es al final solo una adición de simbología, alegorías, dinámicas comunitarias y sentimientos de una devoción sana hacia nuestra propia consciencia. Es el tomar los elementos positivos del fenómeno religioso, y descartar los dañinos o abusivos.

¡Ave Satanás!


Publicado por: Ministratura de Comunicaciones